Mi vida siempre ha transcurrido junto al río Oairtzun. No he sido consciente de lo imbricado que estaba el río en mi vida hasta que me trasladé de ciudad y dejé de tenerlo como referencia. Ha sido al sentir su ausencia cuando ha surgido la necesidad de despedirme de él, de rendirle un homenaje. De esa necesidad surge este trabajo.
Este trabajo es un recorrido por el cauce del río Oiartzun, desde su nacimiento en Ardituri hasta su desembocadura en el puerto de Pasaia. En el proyecto conviven dos enfoques:
Por un lado, hay un trabajo descriptivo del río, desde su nacimiento hasta su desembocadura, con fotografías de paisaje, figurativas y realistas, que recogen el curso del río, los lugares por los que discurre. Es una observación consciente de cómo el río no solo fluye, sino que también influye y es influido por su entorno, de los cambios, de los colores, de los ritmos, de los paisajes y de sus reflejos.
Por otro lado, aparece un acercamiento más emocional por todo lo que el río ha significado en mi vida, como punto de referencia de mis recuerdos, como paisaje onírico. Surgen fotografías más abstractas, menos habituales, en las que juego con la luz y el color, con las texturas y con los reflejos.
El río se establece así como un paisaje, tanto real como inventado. Como un punto de referencia, tanto físico como emocional, y en el que ambos puntos de vista se mezclan en un todo.
El trabajo se ha estructurado en 3 partes, en relación a los tres tramos del cauce del río, y a las tres etapas de la vida: el nacimiento, el desarrollo, y la muerte. Muchos de los fragmentos del río que yo conocí, ya no existen hoy. Hay lugares presentes en estas fotografías que tampoco existirán en el futuro más que en los recuerdos de quienes lo habitan ahora. Este es mi homenaje al río como lugar real, y como lugar imaginado. Como punto de referencia y como una constante en los momentos de incertidumbre.