La mitología de la diosa, basada en los ciclos de las estaciones, la fertilidad y las fuerzas de la naturaleza, tiene un origen neolítico y se han encontrado referencias a ella en muchos países europeos, lo que nos hace pensar en un posible origen común, en una figura femenina como deidad en la Europa prerromana. Mari es la figura mitológica vasca que encarna a esta diosa.
El mito de la diosa servía para explicar las cosas que el ser humano no podía entender: la frontera entre la vida y la muerte, el paso inexorable del invierno a la primavera, la fertilidad, el comportamiento de los animales, los fenómenos atmosféricos... era la respuesta a todo lo inexplicable.
El mito ha evolucionado a lo largo de la historia, profundamente influido por el paso del tiempo, de las culturas y de los cambios sociales, y es raíz de leyendas, topónimos, ritos y costumbres que aún perduran en nuestra sociedad, porque son los símbolos, mitos y ritos que conforman el acervo cultural de un pueblo los que nos atraviesan de una manera estructural, conformando una identidad.
Este trabajo busca mostrar esas reminiscencias de la diosa en conexión con la tierra, a través de imágenes más sugerentes que descriptivas, tratando de reproducir ese tiempo y esa sensación de magia y ensoñación, conectando con la naturaleza como fuerza femenina.
Esta diosa conecta con la parte más onírica de nuestra identidad, con lo ancestral, con la fuerza de nuestras creencias y referentes mitológicos; con lo que somos. Resuena de una manera especial en cada uno de nosotros, porque enlaza con emociones y sentimientos identitariamente muy profundos. Es el reflejo de algo que perdura a lo largo del tiempo, porque el misterio permanece, porque siempre habrá cosas que no podamos explicar y porque aquello que tiene nombre, es. Izena duenak izana du.