En la cianotipia, el proceso manual y la materialidad del soporte siguen siendo esenciales.
En el caso de esta técnica del siglo XIX, a partir de negativos digitales impresos sobre acetato conseguimos imágenes en un profundo azul de Prusia, en las que el color deja de ser sólo un recurso técnico para convertirse en un lenguaje simbólico: el azul es el color del agua que sostiene la ciudad, de la humedad que impregna sus muros, de la niebla, y de la memoria.
Se producen huellas en papel de imágenes digitales, convirtiendo en únicas e irrepetibles unas capturas mil veces obtenidas antes, que además, permiten colocar lo observado en un tiempo indefinido. Cada copia se realiza artesanalmente, adoptando esas pequeñas variaciones que hacen de cada pieza un objeto único.